1.- No sabía que mi cuerpo parecería una gelatina. Yo sabía que quedaría con unos kilos de más, pero esta panza que me cuelga ya tiene vida propia. La toco de un lado y se mueve como gelatina del otro. Mis lonjas post parto se mueven sin coordinación cuando yo camino o hago cualquier movimiento, y encima se rehusan a ser controladas con una faja. Es cierto que me he pasado los últimos 6 años subiendo y bajando de peso, pero jamás pensé quedar con estos pellejos colgando por todos lados. Jamás.
2.- No sabía que me pelearía con la comida. No tenía idea que desde el primer día post parto aprendería a comer parada, a comer frío, a comer a deshoras, a comer por partes o simplemente me olvidaría de comer. Yo, la amante de la comida, ahora no tengo ni tiempo para comer, y si lo encuentro, tampoco como porque me siento una ballena. Es una contradicción, una pelea constante con el plato.

